miércoles, 1 de octubre de 2008

Vicky Cristina Barcelona


Me encanta Woody Allen. Sus películas consiguen tocarme. Puedo reír o puedo llorar. Pienso. Recapacito. Disfruto. Y me entretengo. Vicky, Cristina y la ciudad de Barcelona. Tres personajes principales a los que hay que sumarle los de Juan Antonio (Javier Bardem) y María Elena (Penélope Cruz) y algún que otro personaje tangente que equilibra. Eso es. Equilibrio. Eso es Vicky Cristina Barcelona. El equilibrio de opuestos. La compensación. La realidad. La atracción como pasión y deseo y las relaciones humanas como fruto de la personalidad. Lo difícil no es hacer lo que quieras en la vida, sino saber que es lo que quieres hacer y dónde están tus limitaciones. Juan Antonio lo sabe de sobra. El resto de personajes no. Sólo buscan y buscan… y buscan. Pero el tiempo les devuelve a su realidad. Para acabar como se presumía. Allen es honesto, en su psicoanálisis de las personalidades da a cada uno lo suyo. La conservadora y puritana americana que vive felizmente casada pero desea a otro. La buscadora de sí misma que está dispuesta a probar todo. La loca histérica que sufre de amor. El carácter americano frente al carácter latino. Todo entorno a un eje central, al de Juan Antonio, al del librepensamiento que sólo puede funcionar por momentos, para que la ser humano equilibre su infinidad de visiones distintas que puede haber sobre la vida. Con algunas precipitaciones en el guión y un ritmo rápido estructurado en una voz en off omnisciente, Allen construye una historia de relaciones a varias bandas buscando en lo más profundo del ser humano. Y todo con un fino velo de humor que te hace salir del cine con una sonrisilla de medio lado.

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