jueves, 23 de octubre de 2008

Lucha de gigantes

Deja de engañar/no quieras ocultar/que has pasado sin tropezar

Antonio Vega

Cuando me reúno con mi familia para celebrar algo, para comer, cenar o beber una botella de champán, siempre salen a flote anécdotas graciosas de nuestra infancia. De la de mi hermano y de la mía. Mi hermano era un niño pacífico y bueno que salvo algún achuchón de salud que tuvo, nunca dio muchos problemas en casa. Cuenta con gracia uno de mis familiares que cuando salí del vientre de mi madre y la enfermera me cogió por los pies para darme los habituales azotes de rigor, me incorporé en el aire sobre mis abdominales superiores y le devolví la hostia. Incluso hiperboliza la situación diciendo que, aunque aún no era capaz de hablar, logré comunicarme con la mirada diciendo: no se te ocurra volver a ponerme la mano encima.
A mi me gustaría ser como mi hermano y supongo que a él no le gustaría ser como soy yo. O tal vez sí, quien sabe... Cada uno carga con su peso y vuela con su levedad. La vida es como un gigante al que le vas mirando poco a poco a la cara conforme creces. A veces el gigante se enfada y te zarandea, te golpea o te humilla. A mí me lo hace mucho. Pero no decaigo, no quiero decaer, quiero seguir viviendo, luchando y sintiendo como lo he hecho hasta ahora. Porque a pesar de las hostias que me he tenido que comer, no sólo he tenido la suerte de poder ser coherente conmigo mismo, sino también de poder seguir a mi corazón. Algunas veces usándolo junto a la cabeza y otras tantas no. Pero después de todo, de estar llegando casi a la decena del 3, me siento más alto y más fuerte, ya casi a la altura de los ojos del gigante, de la madurez. Aunque, por desgracia, tengo que seguir lamentando que para hacerme fuerte haya tenido que pisar (sin percatarme de ello) las cabezas y los cuellos de alguna gente... de mi gente. Todo tiene un precio. Ellos son parte activa de mis triunfos y de mis des-gracias y al fin y al cabo de mi vida. Pero a veces, el gigante, con su altura, no te deja verles. Por eso, lo único que pretende este texto es afirmar que estamos trabajando para quitar ese “des” y dejar sólo el

“gracias”.

No hay comentarios: