jueves, 2 de octubre de 2008

Knowing Scandinavia y III (La espiritualidad)


Me pasó la primera vez que pisé Inglaterra. Nada más bajarme del avión pude sentirlo. Es el ambiente. No sé, la humedad, esa luz tan opresora, la música callada del viento del norte (que diría Bergamín). La condición metafísica del hombre sale a flote cuando la naturaleza sublime empequeñece la figura humana. La condición metafísica del hombre nórdico. Escandinavia es un sitio para descansar. Para pensar. Para escribir. Para apartarse del mundo moderno y acercarse a la naturaleza. Para ver que aún existen glaciares. Y gente que está dispuesta a protegerlos por encima de quienes no firman el pacto de Kyoto. Para sentir que el mundo mágico del los gnomos y los trolls existe más allá de los dibujos animados. Más allá de los atascos de Madrid, de la contaminación de Tokyo y de lo sublime de la mano del hombre plasmada en los rascacielos de Nueva York. Lapones que viven en medio del hielo. Los alces, animales milenarios que destilan un aura de magia que les hace existir por encima de los bosques que pueblan. Un sitio donde huir de vez en cuando escapando de un realidad que tal vez muchos escandinavos quieran tener. Cada hombre es un mundo. El problema está en saber cúal es el que te corresponde.
Nota: Falta Knowing Scandinavia II (II)... pero tengo un problema con HTML. A ver si lo resuelvo.

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