jueves, 30 de octubre de 2008

Guerra de Identidad, de Déborah Vukušić


Cuando eres niño y desconoces gran parte del mundo, tanto físico como metafísico, recurres constantemente a asociaciones de ideas que te ayuden a orientarte en el vacío de la ignorancia. Yugoslavia. Si buceo en mi mente y consigo ver con nitidez el recuerdo que me queda de la extinta Yugoslavia, recuerdo su baloncesto. La escuela balcánica. La de la técnica, la de la estrategia, la más combativa… y la más talentosa. "Los yugoslavos tienen una muñeca prodigiosa", decía el mítico Ramón Trecet en sus retransmisiones para aquella TVE de los ochenta. Los derbis entre el Partizan y el Estella Roja, la Jugoplastika de Split, el Pop 84, la Cibona de Zagreb, y Petrovic, siempre Petrovic. Luego estalló la guerra. Una guerra bestial donde el odio multiplicó y alargó los daños más de lo que nadie en Europa pensaba. Poco después, en 1993, Petrovic falleció en un accidente de tráfico. Pero el talento ya estaba enterrado.

desarraigo
no sé adónde pertenezco

pero no quiero llevar una sangre

que tenga tanto odio acumulado

odio que tenga dentro tanto odio


Ahora tengo muchos más conocimientos histórico-políticos que deportivos sobre la antigua Yugoslavia. Y también conocidos, colegas y amigos, que siendo niños vinieron a España huyendo de la guerra. Ahora son españoles y croatas, o bosnios, o montengrinos… o kosovares. No es el caso exacto de Déborah Vukušić, pero a ella también le marcó la guerra.

(…) no se le puede contar a una niña
16 años 17

que su padre es una asesino

no puede enorgullecerse de asesinar

no

delante de su hija(…)


Guerra. Es una palabra horrible. La guerra entre pueblos debería ser un anacronismo. Pero aún no lo es. Guerras hay muchas, la de la audiencia es una de la más importantes, pero también las hay psicológicas, económicas y hasta frías. Como digo, guerras hay muchas. También las hay de identidad.
Guerra de identidad, así se llama el poemario de Déborah Vukušić. Los poemas que contiene no sólo tienen fuerza, soltura, contundencia e intensidad narrativa, no sólo te golpean como una bala perdida en una batalla, sino que desprenden ternura en sus recuerdos y sus evocaciones, en las llamadas a la inocente niñez y dura adolescencia, en las vivencias de tanto cambio, de tanto viaje, de tanta familia. El libro encierra todo un sincero y cambiante mundo interior que amparado en un firme estructura y una de esas muñecas balcánicas que tienen los jugadores de baloncesto, da como resultado un libro harto recomendable. Se trata de esa otra poesía de la que hablo a veces y que personalmente me acerca al mundo tal y como lo concibo, como lo quiero ver y leer, como lo quiero asumir, haya guerras ó no.

(...)mitad gallega y mitad croata
tiene gracia
parada de metro
palos de la frontera
(...)

Nota: Todos los versos en cursiva pertenecen a Guerra de identidad.

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