lunes, 27 de octubre de 2008

Fin de semana poético

David González

Deborah Vukusic recitando en Illescas

Viernes mañana

Me levanté menos cansando que de costumbre. La noche anterior, la del jueves, me tuve que meter en la cama a eso de las once, a recargar la batería de mi móvil biológico. ¿O fue el miércoles? No sé, ya no me acuerdo. Llevo dos semanas de descontrol máximo. Nunca llovió que no descampara, decía mi abuela. Acudí a mi puesto de trabajo tan puntual como siempre. A las 8.05. Tampoco me acuerdo, o no me quiero acordar, que hice el viernes durante las siete horas estipuladas. Ah, sí, ya me acuerdo… Pero, es igual… El caso es que salí a las tres y me dirigí a comer. José Ángel Barrueco y David González me esperaban en una de esas tascas de Antón Martín con sabor castizo (gracias por esperar hasta tan tarde). Aunque en esta ocasión estaba poblada de hinchas del Liverpool. A pesar de sus voces conseguimos oírnos lo suficiente como para pasar una comida muy agradable entre vino, literatura y risas. Dos tipos grandes. A modo de crítica me gustaría resaltar que las albóndigas dejaban bastante que desear. Repito, dos tipos grandes.

Viernes tarde

Tras hacer unos business de tres al cuarto en mí pueblo de adopción, recogí a M y emprendimos de nuevo la marcha hacia el centro de Madrid. El Bukowski Club esperaba. El recital poético servía como presentación del libro de David González, El Demonio te coma las orejas, y del primer poemario de Andrés Ramón Pérez Blanco “El Kebrantaversos”, Satélite de inhóspito planeta. En el Bukowski Club, conocí a mucha gente. Es curioso. A la mayoría los conocía ya virtualmente. Bien a través de sus blogs, bien a través de correos electrónicos. No es al primera vez que vivo esa sensación, por eso siempre he opinado que Internet está bien para establecer contactos y comunicarse, pero cuando adquieres cierto trato lo mejor es conocer a la persona real, que a veces cambia respecto a la idea que tú mismo te haces de la virtual (¿Verdad, Deb? :)). No voy a citar a toda la gente que conocí porque la noche confunde y corro el riesgo de que se me olviden algunos nombres. Yo sé quienes sois. Poco a poco, en un ambiente distendido y casi familiar, entre Mahous de tercio y poemas, llegó el que para mí fue el cénit de la noche: David González recitó el poema Humillación, que narra la humillación que tuvo que sufrir su abuela cuando fue a visitarlo a la cárcel, de manera realmente magistral. Y no sólo eso, sino que nos transportó a todos a ese momento. Cuando acabó miré a mi derecha, a la persona más cercana a mí, a la más cercana, y tenía los ojos vidriosos. Era para emocionarse. Luego unas copitas con un grupo de gente de puta madre. No voy a dar más datos.

Sábado Mañana

Escribo un rato. Redacto unos mails. Como algo. No tengo mucha resaca. El DYC nunca es de garrafón. El garrafón es un cáncer. Deberían erradicarlo del planeta tierra. Igual en Marte no le hace daño a nadie. Luego prohíben la venta de otras sustancias. En fin… A dormir otro rato. Un rato largo. Menos mal que no era garrafón.

Sábado noche

Me tiro a la Bartola. Figuradamente. Lo digo porque tengo una vecina que se llama Bartola. Hasta aquí puedo leer.

Domingo mañana.

Escribo un rato. Redacto unos mails. Como algo. Visiono la carrera de 125 c.c de motociclismo. Es la categoría que más me gusta. Van todos juntos y se adelantan a machete. Le dan por culo a la de 250 c.c. El GP ya no me dio tiempo a verlo. No ganó Rossi. Me despido de quien me tengo que despedir y me dirijo a buscar a Carla Badillo a la estación de Atocha. Hemos quedado con otra gente (que no cito por eso de no contar la vida de otras personas) y nos vamos a Illescas. Muy cerca de Madrid.

Domingo tarde.

Recital Poesía en los bares III: Ellas. Lucía Boscá, Isabel García Mellado, Deborak Vukusic, Letica Vera, Coché Lòpez, Laura Rosal y la sorpresa de la tarde, Carla Badillo, que contagió la sala de su misticismo habitual. Impresionantes. Se estaba muy a gusto. Y conocí a más gente. Poetas, escritores, fanzinerosos. Y grabé algunas actuaciones que si Carla tiene a bien editar podrían ser un emotivo documento visual. Salí de allí con un pack compuesto por un instrumento andino, unas semillas, un puro ecuatoriano (gracias Carla), varios números del fanzine Creatura, el Libro Guerra de Identidad, de Deborah Vukusic y mi jersey… que casi se me olvida.

Domingo noche.

Sentado en el Cercanías,

oía música y

leía unos poemas,

sí,

unos poemas más,

unos poemas de Guerra,

de Guerra de Identidad.

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