martes, 28 de octubre de 2008

Entre todas lo mataron y el solito se murió


A las 19.05 Yuki recibe la terrible noticia. Tras diez años juntos “all is over, darling”. Lilly no sabe que hacer. Por un lado desea seguir con su amor, pero por el otro sabe que la convivencia es imposible. Vivir con Yuki se ha convertido en una tragedia griega. Lilly ha decidido irse… para siempre. Pero antes de partir, esa misma mañana, lo abraza fuerte, como siempre, como nunca. Yuki, aún dormido, le responde con su subconsciente. Cuando se da cuenta, no sabe que hacer. La confusión es total. Baraja dos posibilidades. Tirarse a la vía del tren cuando este pase o comprar barbitúricos. Yuki es aparentemente feliz, alegre y simpático, pero un tormento interior le acompaña en su andadura. Todo tiene un precio. Yasuhiro, Takeshi, Kenzo, todos sus amigos le han envidiado siempre. “Yuki ha estado con las mejores tías. Y las mejores tías quieren estar con él”. Pero Yuki cambiaría su rol y su status por cualquiera de los otros, por uno normal. Bajo su apariencia de tipo duro, es un ser sensible que ahora vive entre dos aguas, o tres, o cuatro... Ni siquiera él mismo lo sabe. Abusa de los barbitúricos para evitar el dolor. La pérdida de Lilly. La pérdida de su vida. Sabe que será su final, pero hay que ser realistas, no se puede forzar lo irreversible.
Al día siguiente, Yuki se levanta drogado, esnifa algo de pegamento y pierde el control, aún más… Es lunes y se dirige a trabajar. Baja las escaleras del Metro, espera en el andén y cuando el tren pasa se lanza. Cuando el servicio sanitario llega al lugar de los hechos encuentra un nota que dice: A mis amigos: no debisteis envidiarme. En el triunfo está el fracaso… y la condena. Paradojas de la vida. La paradoja de la vida. Sayonara.

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