miércoles, 29 de octubre de 2008

El crack del 29

Tal día como ayer, 29 de octubre de 1929, el parqué de Wall Street hacía crack. Que bonito suena; voy a repetirlo: crack. Suena tan bien que una de sus acepciones se ha extrapolado desde el argot futbolístico argentino a todos los ámbitos de la vida. Fulanito es un crack del fútbol, de la pintura, de la escultura. Menganito es simplemente un crack.
Convertir una onomatopeya en adjetivo recurrente aporta una semántica muy ilustrativa. Y muy comprensible. Todo lo contrario a lo que sucede con otras palabrejas sajonas también aplicables a la economía: warrants, output, trust, Dow Jones, Nasdaq. Palabras que la mayoría de personas que aceptan un crédito al 80% no tienen ni idea de que existen. Y ese desconocimiento es la clave sobre la que trabajan los bancos. Sobre papel, sobre algo ficticio. Unas inversiones de alto riesgo que generan dividendos mientras la maquinaria está engrasada, pero que se desintegran en el aire cuando los engranajes no lubrican. Activos y pasivos. Ejecutivos de consejos de administración y currelas. ING Direct y Forum Filatélico. Aquí nadie da duros por pesetas. Pero mucha gente se creyó el cuento de “la casa de tu vida”. ¡Compra, compra! ¿Qué van a heredar tus hijos?
No sé que heredarán mis hijos pero yo he heredado las consecuencias de la política de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. El Estado no es la solución, es el problema, decían. ¡Venga, libre albedrío! Adam Smith y David Ricardo se masturbaban en sus tumbas… y por eso no podían frotarse las manos… El liberalismo era pleno. El librepensamiento no. Publicidad. La clave de todo. Propaganda. El engaño, la mentira, la manipulación de esas ovejitas llamadas masa. Hay que tener unas Nike y una Play Station, hay que tener móvil y cambiarlo cada tres meses, hay que pagar una letra por el coche nuevo, hay que personalizar, customizar, gastar más… Pero los poderosos gastaron demasiado. Su coca no está cortada con mierda, pero su mierda está cortada con coca. Y ahora caminamos hacía atrás. Los gobiernos practican el flasback. Todo depende del sistema financiero. Ellos, aunque estén por encima del todo, también. Y ahora inyectan dinero. Mi dinero, tú dinero, el dinero de la productividad de la prole, el dinero que hemos ahorrado entre todos, el que no le prestamos para tipos de putas de lujo de interés. Ahora bajan los tipos. Y los estados se implican sin saber muy bien por qué. Sin tener una estrategia, ni una solución.
El crack del 2008 no ha tenido las mismas consecuencias que aquel martes negro, pero la Señorita Demanda ha llamado a la Señora Thatcher para decirle, irónicamente, que ella sí que es una crack.

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