lunes, 13 de octubre de 2008

Anoche un DJ cambió mi vida y II


Bebí, fumé, bailé y probé el éxtasis (tanto literal como figurado). Estaba plena, llena, enorme; era todo espíritu, me había olvidado de mi cuerpo, de mi celulitis, de mis pechos caídos. Me había olvidado de todo y sólo quería hacer una cosa. VIVIR. Tras hacer el amor durante toda la noche y parte de la mañana con Georgios, una encantadora belleza griega, seguí oyendo en mi mente aquella mezcla tan pintoresca como inolvidable. Después tuve que volver a la realidad. Fue un éxtasis inducido. Una mascarada virtual que, aunque permanece en mi retina, se evaporó con el pedo. La realidad es otra. Mi realidad es otra. La despedida de soltera fue un evento muy tranquilo en comparación con aquella noche en la que todas habíamos tenido alguna experiencia especial que nos sirvió para desempolvar momentáneamente unas expectativas enquistadas por el tiempo. Tal vez no fue la mejor forma. Pero necesitábamos una. El resto del tiempo transcurrió tranquilo. Unas vacaciones casi familiares. Nuestra última tarde en San Antonio la disfrutamos haciendo Shopping. Sí, en Ibiza se dice Shopping. Me paré a mirar el escaparate de una librería porque uno de los libros expuestos me llamó la atención. Se llamaba “Anoche un Dj cambió mi vida”. Entré y le eché un vistazo. No me interesó. No quise comprarlo. Ya había pagado por entrar a la Amnesia.