viernes, 5 de septiembre de 2008

Bienvenido a la república independiente de tu casa

Hoy no tengo nada que contar. Mi vida es un coñazo. Bueno, podría contar lo que hice ayer. Ayer fui a trabajar. Luego fui a comer. Un menú barato. Entre el café y la copa de cognac me estuve trabajando a la camarera. Está buenisíma... La copa de cognac, digo. La camarera, pues verán, un poco como yo, fea y semigorda. Pero es igual, ambos necesitábamos follar. Lo hacemos a menudo. Siempre hay un roto para un descosido. Te paso a buscar a la salida. Podrías pasar por Ikea y comparme una mesita pequeña de estudio. Joder, me va a salir caro el polvo. IKEA está a cascarla de aquí. Está bien. Grandes pasillos que recrean la casa de tus sueños. De tus sueños proletarios. Artículos baratos y de baja calidad, pero bonitos. Me dieron un metro de papel y pensé que era para medirme la polla. 24. Le dije a una chiquilla que pasaba por allí… ¿y tú, qué es lo que te mides? En el camino a IKEA bebí demasiado cognac. Los de seguridad me sacaron del brazo. Lo bueno es que no tuve que pagar la mesita, se olvidaron que llevaba un objeto de la mano. Unos fascistas. Joder, y eso que es una república independiente, si llega a ser una monarquia totalitaria igual me encierran en la Bastilla. Un rato después me fui a buscarla. A su casa, la casa de mis sueños. Yo tomé la Bastilla y ella su anticonceptivo. Después montamos la mesa de IKEA, sin instrucciones. ¿Quieres casrte conmigo?, se escapó de mi boca.

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