jueves, 25 de septiembre de 2008

Mi vida sin ti

Son las 7:17 de la mañana. Entro en la estación de tren, paso las barreras y me dirijo a mi sitio. Soy un animal de costumbres. Años y años esperando en la misma puerta, el mismo lugar, la misma hora. A través de la ventana del bar veo a una pareja sentada en una mesa; beben Sol y Sombra. Son también animales de costumbres. Son alcohólicos. Llega el tren y tomo asiento en uno de los sitios libres. El que siempre suelo elegir hoy está ocupado. Enfrente de mí las caras de siempre. La tía buena pijita, la divorciada madura con tres hijos a su cargo, el comercial de ventas, el peón africano, yo… Los mismos de siempre. La tía buena me mira. Siempre hace lo mismo, me mira y agacha la cabeza. Estará casada… como yo. Me incorporo en mi asiento, me dirijo a ella, le miro y le digo: ¿Qué tal, como va la semana? Perdona, ¿nos conocemos? Pues claro que nos conocemos. ¿Acaso no formas parte de mi vida?

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