viernes, 22 de agosto de 2008

A través de los olivos (Abbas Kiarostami, 1994)

Una mirada a cámara. Dos ojos, el humano y el de la lente. Unos medios modestos. Un país donde hacer cine es casi tan difícil como vivir. Una mirada costumbrista que hace de la ficción una dura realidad. La realidad de Abbas Kiarostami, un poeta visual que a través de los olivos nos enseña el camino existente entre los ojos y el corazón. Un camino donde no se muestra... se sugiere... una historia de amor.
Una película absolutamente imprescindible para entender el cine más allá del propio cine.



(...) Kiarostami, por tanto, utilizando la creación de su álter ego fílmico reflexiona sobre la importancia del cinematógrafo, no tanto en la coyuntura de un país en el que aún ronda el fantasma del analfabetismo (espléndidamente mostrado en la película, dicho sea de paso), sino en sus propias características internas. El hecho de que una gran parte de la película esté construida sobre los momentos de rodaje, sobre la repetición de tomas debido a los errores de un grupo de actores no profesionales y que, incluso, el film dé comienzo con el casting para la protagonista femenina, describe el hecho de la íntima relación que para Kiarostami existe entre la ficción creada a través del cine y la vida que discurre día a día ante nuestros ojos. Con A través de los olivos, el director no sólo pone de relieve dicha visión, sino que hiperboliza esta relación en un conjunto de interdependencias que, por momentos, lo acerca a Truffaut. (...)
Extraído de www.miradasdecine.net, seguir leyendo, aquí

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