lunes, 25 de agosto de 2008

No hay mal que por bien no venga

Las ancianas de la aldea no saben a cuánto está el barril de Brent. Pero dicen sabías frases. Mahmud Ahmadineyad, Hugo Chávez y Vladimir Putin. Dios los cría y ellos se juntan. La nueva política internacional de este peligroso tridente impone las teorías del autoconvencimiento, las del "están todos locos menos yo". Sería una buena foto en una conferencia. Nunca sabemos quienes son los buenos. Los americanos se empeñan en demostrar que no lo son. Ya es tarde para ellos, ya es tarde para todos. Hace mucho tiempo que Nadia Comaneci huyó a Estados Unidos. La Guerra Fría ya no existe como tal. Las ancianas de la aldea no entienden de geopolítica pero saben que ya no hay guerras, como antes. El estado del bienestar se ha impuesto. Quienes no lo disfrutan no viven los conflictos bélicos como algo del pasado. Georgia. Nostálgicos vestidos de soviets. Vuelve el gran imperio. La Revolución derrocó al Monarca. Luego vino El Terror. Robespierre. Siempre igual. El trío del petróleo, como digo, Ahmadineyad, Chávez y Putin, se pone cada vez más farruco. El mundo es movido por energía. Sus estados poseen un buen porcentaje de ésta. Pero los aliados no van a ceder. Esta nueva “crisis del petróleo” está abriendo, tal vez sin saberlo y muy probablemente sin buscarlo, nuevas vías energéticas que podrían provocar que este mundo lavase su sucia cara gris antes de lo que la más optimista de las predicciones haya esperado nunca. La Alianza no va a ceder. Antes verde que vendido, piensa el tío Sam. Las ancianas de la aldea no tienen ni puta idea de geopolítica pero dicen sabías frases. Mientras los malos se enfrentan a los malos ganamos los buenos. No hay mal que por bien no venga.
Relato basado en el artículo de Moises Naim (La revolución verde de Putin, Ahmadineyad y Chávez), publicado ayer en El País. Artículo completo, aquí

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