jueves, 21 de agosto de 2008

Luto

Hace justo una semana el avión de Iberia en el que yo viajaba despegaba de la T4. Lo reconozco, odio los aviones. No es que les tenga miedo, pero, a ciertas alturas, sufro un pelín de vértigo. Más que algo mental se trata de algo físico. Comienzo a sudar, el estómago se me da la vuelta, la cabeza también… Lo paso mal en los despegues y los aterrizajes. Aún así viajo sin quejarme mucho. El otro día, en la T4, el despegue fue difícil, con turbulencias y pérdidas de presión. Mi cuerpo empezó a sufrir los efectos de no sentir los pies en el suelo, pero está vez fue aún peor, hubo un factor somático. Por unos segundos, mirando por la ventana y viendo el motor, se me pasaron cosas horribles por la cabeza. Allí, en la T4. Justo una semana después, ayer, me entero de la terrible noticia del accidente aéreo de Barajas. Se me encogió el corazón. Incluso sentí un poco de ansiedad. Estaba empatizando plenamente con las víctimas. Porque el pánico que se sufre en un avión no es equiparable a ningún otro accidente ya que, además de estar en el aire, las posibilidades de sobrevivir son siempre muy escasas. Vaya desde aquí mi más sincero pésame a los familiares de las víctimas esperando que algún día la seguridad aérea llegue a ser infalible.
D.E.P

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