lunes, 25 de agosto de 2008

Femme fatale

En la calle A es un tipo cualquiera. Un tipo gordo y cabezón que suda como una fuente. Un hombre poco carismático que padece del estómago y pasa desapercibido.
En la empresa A es un gran ejecutivo. Un jefazo. Un tipo trajeado y elegante que suda como una fuente. Un hombre a quien respetar. De él depende el futuro de muchos y muchos trabajadores.
En la calle y en la empresa B es un pendón. Una de esas femme fatale con las que hay que andar con pies de plomo. No es guapa, pero está buena. B es una de esas mujeres ambiciosas que harían cualquier cosa por ascender. Cualquier cosa.
Durante la cena de empresa B ataca descaradamente a A. B podría tener un principe azul, si quisiera, podría tener un madelman, un machito, un modelo… pero quiere follarse a A. A no tiene mucho éxito en la cama, la cama no es trabajo. Pero esta noche B está dispuesta a dárselo.
Durante toda la semana siguiente la relación entre A y B es la comidilla de la empresa. A intenta mostrarse en público como un tipo duro. “A mi no me interesan ese tipo de mujeres. Me la follé y punto”. Pero la gente sabe que no es así, que B tiene la sartén por el mango, que es más importante lo púbico que lo público. Poco después se conformarán como pareja estable.
Ahora B es una gran ejecutiva. A está mucho más gordo y vaga por la calle desaliñado. Suda aún más que antes. Y lo peor de todo es que lo han despedido...
... por bajo rendimiento.

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