viernes, 4 de julio de 2008

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

No sé quien fue el primero. Raymond tal vez. Raymond Chandler. Me encantaba su personaje de Phillipe Marlowe. Un tipo duro de verdad. Sus personajes y su prosa me hacían devorarme las novelitas. Y luego… no sé. Faulkner quizá. Um, demasiado denso. Capote y su sangre fría. Bukowski, Fante, La Trilogía de Nueva York. Y así descubrí a Auster. Me da igual que venda como un best seller. Su prosa es excepcional. Realidad o ficción, tu eliges. Todo está en tu mente. Y poco a poco y sin darme cuenta llegué a otro Raymond. El último. Raymond Carver. Es la confluencia, el fin de toda la narativa americana. La prosa de Carver me parece excepcional, sublime. Se trata de un libro de relatos que no dejan a nadie indiferente. Coloca las palabras justas para que ni sobre ni falte nada. Además, piensa como yo, en imágenes. A veces describe situaciones como planos de cine. Problemas corrientes, comunes, de la gente normal, gente como cualquiera de nosotros. Ese es el terreno en el que se mueve Carver. Son situaciones de la vida, narradas con los elementos justos, sin detenerse en detalles, como un guión de cine… pero con soltura y estética. Problemas de pareja, inseguridades, situaciones con los hijos, con los vecinos… A todo el mundo le resultan cercanas estas historias de la clase media americana de las décadas de los sesenta en adelante. El último relato, el que da nombre al libro, es un homenaje a la capacidad de síntesis. Pero no gratuita, sino matemáticamente exacta. Se pasó media vida escribiendo y rescribiendo este libro. Y se nota. Venga, ya, ya podéis decírmelo… Ya me callo…

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