domingo, 27 de julio de 2008

Todo (s) momentáneo



No sabía que era una kunda hasta que se montó en una. Completita. En la plaza de Embajadores el sonido era ensordecedor, atronador: Piiiiiiiiiii, piiiiiiiii. Ninonino. Que te jodan, mamón... Llovía. G nunca había consumido jaco. Nunca hasta ese día. Le daba miedo. Cuando era pequeño un pony de la feria lo desmontó y tiró al suelo. Quería un poco de Periko y la kunda era su única opción a la vista. No lo dudó dos veces. Pam-pium, pampam-pium, pam-pium…. Tirititi-Tirititi. El electro techno que sonaba en el cd del coche no estaba nada mal. A G le pegaba más ir con algo clásico, un poco de rock, o algo un poco agitanado; con los chichos, los chunguitos, los calaitos… Es la sesión de Cristian en Florida. El conductor no es yonki ni de coña. Bussines, pensaba él. El sí. La casa de la gitana no estaba mal por dentro. Venga, una línea de burro. No, tronco, yo no… Te vendrá bien, te relaja. Yo con dos pollos de peri tengo suficiente. Venga que ya te la he picado. Snif. El Tirititi que aún resonaba en su cabeza y al que su corazón seguía se convirtió en un leve Mmmmmm. Al llegar a Embajadores le vieron salir de la kunda. Llovía. Él sonreía sin mirar, no podía mirar nada en concreto porque no había nada concreto para él. Mintió. Nadie le creyó. Nadie le creé aún. Quieren ayudarle pero no se trata de que deje de meterse sin más, sino de que G no engañe a G. La no-concreción es el todo y todos queremos ser el todo que algún día seremos. Pero los paraísos artificiales, en su todo momentáneo, se quedan en nada. Todo (s) momentáneo. Snif.

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