martes, 29 de julio de 2008

¿Nada es eterno?

Manuel y Lupe llevan veinte años casados. Manuel tiene cuarenta años. Lupe cuarenta y dos. Se aman eternamente. Manuel parafrasea constantemente a Pablo Milanés. Si me faltaras no voy a morirme, si he de morir quiero que sea contigo. Viven en una pequeña ciudad española. Teruel. A Manuel le encanta el fútbol pero el Teruel no es capaz de subir a Segunda b. Teruel también existe. Manuel es madridista. No se puede ser un loser eternamente; te mina la moral. Por eso de vez en cuando Manuel juega a caballo ganador. Y gana. Se trata de una pareja muy apuesta. Son los dos muy guapos, dicen las vecinas. Lupe le dijo a Manuel que había tenido un affaire temporal. Manuel ni se inmutó. La cosa siguió igual, la casa también. Manuel sabía que no podía decir nada. Sara, Laura, Marina, Eva, Teresa… Muchas y muchas son las conquistas de Manuel cuando Lupe se ausenta en viaje de negocios. El no las quiere, pero las desea. Sólo quiere a Lupe. Su corazón es muy grande, enorme, y está lleno de pequeños compartimentos estancos de distintos tamaños. Allí guarda todos los amores que es capaz de dar. Un día Lupe regresa de uno de sus viajes. Manuel no está, ha desaparecido. Tras más de diez horas intentándolo, logra dar con él a través del teléfono móvil. Te lo dije, Manuel, te dije que llegaría un día donde no podrías separar los sentimientos. Ya sabes… no se debe mezclar el vino con los chupitos. Adiós, Manuel. Lupe, ¡espera!, sólo una cosa más. ¿Qué quieres, Manuel? ¿Me dejarás morir contigo?

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