miércoles, 30 de julio de 2008

Los 90

Hacía meses que todo el mundo hablaba de lo mismo. La corrupción. El problema español es que al listillo, al delincuente de guante blanco, se le dan palmaditas en la espalda. La picaresca, el sabor mediterráneo, el comercio. Juan Guerra. Así se llamaba el tío. Todo el mundo hablaba de Juan Guerra y del caso del mismo nombre. Al parecer había hecho uso de su apellido para llevar a cabo suculentos negocios. Tráfico de influencias, lo llamaban. Los años noventa. Una nueva década. Una nueva era. España ya era europea. Moderna. Acogería las Olimpiadas del 92. La Expo de Sevilla. El Ave. Los noventa prometían esperanza. Pero los socialistas ya iban en Mercedes. Una España con techo nuevo y goteras. Una niña que había crecido tan rápido que no había tenido aún tiempo de educarse. Una España de prisas y crisis. Un país con defectos manifiestos aún por pulir. Una España que aún sigue sin frenar en los pasos de cebra.

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