viernes, 1 de agosto de 2008

El joven profesor

Éramos crueles, muy crueles. Los gordos, los empollones, los más pequeños, las tías (feas)… Cualquiera era una víctima potencial. Es lo que ahora llaman bulling. ¡Ja! Me río yo del bulling ese. Yo he visto auténticos casos de abuso. Aquella época era más salvaje. Esas eran las reglas de la sociedad, las de la propia naturaleza. Los más fuertes sobreviven a costa de los más débiles. Ahora cada vez que hay una pelea, algún tipo de maltrato escolar, un acoso o cualquier otro suceso similar, es fácil que alguien lo grabe con el móvil. Posiblemente luego lo cuelgue en Youtube. El paso siguiente será que cualquier documentalista de algún medio amarillista (o sea, de cualquier medio) lo descubra y lo magnifique en pos de vender una de esas alarmas sociales que sirven para controlar a las masas. A partir de ahí dirán que la violencia ha crecido en las aulas y en la sociedad. Sinceramente, ahora que soy profesor, creo que puedo asegurar que hay menos violencia que antaño. Lo que no tengo claro es si ese bajón se debe a un descenso de los instintos violentos. Me temo que no.

Extracto medley de una conversación reciente

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