miércoles, 9 de julio de 2008

Cafe des 2 moulins (I)

Cuando de niño veía las películas americanas siempre soñaba con estar dentro. De pequeño hubiera elegido el papel de héroe. Después aprendí que el de antihéroe, además de ser mucho más heroico, sienta mucho mejor. Los héroes son bastante gilipollas. No hay más que ver a Frodo. A ratos te dan ganas de meterte en la película, soltarle un par de hostias y decirle “¡Pero espabila de una puta vez, pringao!”. Qué decir de aquella serie que marcó mi adolescencia, Sensación de vivir (Beverly Hills 90210). No he visto nada más vomitivo que la familia Walls. Ultra-políticamente correctos, perfectos, moralmente superiores. Brandon y Brenda Walls eran el prototipo de lo que NO se debe ser en esta vida, o sea, gilipollas, o peor aún, gilipollas americano. Entonces me pasé a la serie que emitían justo después, Melrose Place. Ahí si había anti-héroes. El mecánico y el taxista no andaban como para gastarse el dinero en el puto pavo del Día de Acción de Gracias. Melrose Place no es Beverlly Hills. Trataba temas más adultos. Y las protagonistas femeninas estaban mucho más buenas. No quería ver la paja en el ojo ajeno, sino el polvo en el propio. Esas cosas de la adolescencia… ya se sabe… Que si toco, que si palpo, que si pincho en hueso… El caso es que uno de mis sueños de siempre, visitar los States, aún no se ha cumplido. El problema no es sólo el dinero, es la dinámica de vida que te impone la Seguridad Social. O sea, una vez que empiezas a cotizar y a pagar facturas y casas y hostias en vinagre, ya no te puedes desprender de ello a menos que decidas irte a vivir a las montañas. Por eso no puedo irme de mochilero a los States. No puedo llegar allí y decir “Hola, quiero trabajar de friegaplatos. Estaré 12 días, sudaré como un cabrón, y cuando me soltéis la pasta más la pasta de las propinas me largaré durante 35 días a gastarme lo que he ganado, a conocer los States, a vivir”. Sí, más o menos como hacían Kerouac y Cassady, como hemos hecho tantos backpackers ocasionales del mundo. Dormir en jardines, parques, bancos… ya se sabe. Pero no es plan de cogerme 15 días de vacaciones para tener que trabajar 12; esas bobadas se las podemos dejar a Frodo y a Sam mientras discuten si Gollum es bueno o malo. Yo, mientras tanto, seguiré recorriendo la vieja Europa en la escasa medida de mis posibilidades. En dos o tres horas te plantas en cualquier sitio por un precio módico. En un fin de semana vas y vuelves. Ah, y no necesitas fregar platos, existe una cosa que se llama Low Cost, sí, y ahora también se aplica en los hoteles... y también hay albergues... y Bed & Breakfast... y pensiones de mala muerte... De momento, en agosto he quedado con Amelie en Montmartre, otro de mis sueños (secos). Y además, voy contigo, Mon Amour. Para eso no hay crisis.

Continuará…

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