miércoles, 16 de julio de 2008

"Algo"

Poco a poco y lío tras lío el curso avanzaba. Por entonces empecé a practicar mis primeras actividades extra-escolares. Aparte de los partidos de fútbol del parque de debajo de mi casa, comencé a ir al conservatorio. No duré mucho, no me gustaba nada y nunca puse ningún interés. Pero los padres... ya se sabe... quieren que sus hijos sean eruditos y cultos y... tal vez genios... Tenía un profesor checo que se llamaba Pavel (como casi todos los checos) y lo llamaban “El Pluma”. Lo peor no era ni su pluma ni su plumaje, era que a los más pequeños nos regalaba siempre gominolas de esas de azúcar, de las que vienen envueltas como un caramelo. Yo las aceptaba sin miramientos, puesto que eran mis favoritas. Además había una tienda en la ciudad que te las cobraba a 6 pesetas, en vez de a un duro. El viejo decía que era por el envoltorio. Le robamos una caja entera por las molestias. El caso el que el tal Pavel un día me dijo su famosa frase: “Te lo doy en el servicio”. En teoría se refería al caramelo, pero ya se sabe… A mi era un tema que me tenía mosca pero, claro, no se lo iba a decir a mi madre para que le montara un numerito y yo quedara como un chivato gilipollas. Le dije que no. Unos días después un chico que se llamaba Guillermo, me dijo que había ido al servicio con el Pluma y le había intentado hacer una revisión de pilila. Ahí estallé. No aguanté más. Se lo conté todo a mi grupo y fuimos a buscar al Pluma a la salida. Para algo sirven los grupos, ¿no? Empezamos a insultarle. Maricón. El término pederasta o pedófilo no se oía tanto como ahora. Aún no había llegado el boom de la información a nuestro país. En España sólo existían las dos cadenas públicas y yo centraba toda mi atención mediática en los episodios de El gran héroe americano. Así que para nosotros, el checo era tan sólo un maricón. Primero hizo un amago de encararse, en realidad éramos unos críos de mierda, pero opto por agachar la cabeza y largarse. Zoran lo siguió unos cien metros. Nosotros fuimos detrás. El muy cabrón cogió una enorme bolsa de basura del suelo, empezó a correr, y cuando estaba casi a su altura le grito: “¡Maricon!”, el checo se giró y el yugoslavo le rompió la bolsa en la cara. “Nada que ver con la Guerra Fría. Entre países del este anda el juego”, dijo Claudio con sorna.
Fragmento de un complejo "algo" que ando escribiendo

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