sábado, 21 de junio de 2008

Historia abreviada de la literatura portátil (Enrique Vila-Matas)

Julio 2000: Tras corroborar con mis propios ojos que el fin del mundo no había llegado, cojo mi enorme macuto rojo y pongo rumbo a Menorca junto a cuatro de mis compinches. Buscábamos trabajo y alojamiento. O sea, dinero. Pero la cosa no salió bien y al mes tuvimos que abandonar la isla.
Agosto 2000: Un golpe de suerte y tal vez de mar nos vomitó en Barcelona. A unos kilómetros de allí y gracias a unos contactos, conseguimos trabajo y alojamiento para los cinco. También encontramos un buen negocio que nos ayudó a recuperar las perdidas económicas que la aventura menorquina nos dejó. Lo que podía haber sido un infierno, se convirtió en una aventura inigualable.
Octubre 2000: Me conceden una beca Erasmus. Junto a mi colega Antoine cojo un Alitalia dirección Fiumicino (Roma) y me plantó en una pensión cercana al Coliseo. Allí empieza todo.
La beca, nuestras ganancias del verano y la típica ayuda familiar nos llegan de milagro para salvar las penurias y disfrutar de un año inolvidable en la ciudad eterna. Después de seis meses, cuando el dinero empezaba a escasear es cuando nos dimos cuenta de que esto de las becas Erasmus es para gente con cierto nivel económico. Pero nadie en toda Roma se metió nunca las inigualables pitanzas de las que disfrutamos nosotros y nuestros allegados.
Noviembre 2000: En clase de Arte Contemporáneo conozco a la célebre professoressa Simonetta Lux. Ella me descubre y me recrea a Marcel Duchamp, sus influencias, su importancia, su urinario... La professoressa tenía una asistente llamada Carla Subrizi. Ésta estaba casada con un artista conceptual muy conocido a nivel europeo, Gianfranco Baruchello. Una tarde nos llevaron a su casa/mansión en medio del campo. Baruchello impartía un taller para alumnos de Arte Contemporáneo de Universidad de La Sapienza. Allí fue cuando más empezamos a convivir con los chicos de la clase. Francesco, Valentina, Luca, Flavio… Gente interesante y afable, cuyo mayor misterio residía en su extrema implicación en el arte y en la política. Algunos de ellos estaban bastante cercanos al partido dei radicali. Me recordaban a los personajes de las películas italianas del neorrealismo, a Roma citttá aperta, de Rosellini, a esos grupúsculos de resistencia al fascismo que tanto proliferaron en la Italia del dopoguerra, a Pasolini. Era eso... una película, cinema italiano...
Junio 2001: Después de un año en Roma estudiando, investigando y, en definitiva, curtiéndome en la vida, me desperté. Todo había sido un sueño. Una experiencia onírica para la que hubo que luchar tinta. Un mundo mágico que el chico de provincias que se buscaba la vida en las temporadas estivales de la Costa Brava, que arrastraba como podía sus estudios y que dedicaba el resto del tiempo al arte de callejear, nunca había pensado que pudiera hacerse realidad.
Junio 2008: Leyendo el libro de Vila-Matas Historia abreviada de la literatura portátil, la nostalgia y la emulación fantástica vuelven a mi mente. En efecto, lo de Roma fue verdad. Cierto es también que se trata de una ciudad eterna. A través de la lectura de esta mentira fantástica creada por Vila-Matas, de la reconstrucción de este bulo artístico, de la necesidad del hombre por imaginar de vez en cuando para evadirse de la realidad, volví a mi sueño romano. A Duchamp, a Walter Benjamín, a Roussel, a Artaud, a Man Ray, a Ernst. Todos toman vida en esta novela de fantasía para adultos que me he devorado casi del tirón. No es que la realidad supere a la ficción, es que el arte de vivir intensamente es como una ficción de tu mente. Sobre todo, cuando te toca volver a la cruda realidad diaria. En mi caso, la emulación de unos recuerdos tan intensos ha sido el detonante de la nostalgia. Realidad y ficción siempre están conectados. Es la mente humana, tan imprecisa como siempre, la que los manipula a su antojo. Más o menos del mismo modo que Vila-Matas construye su ficción en esta novela.

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