sábado, 24 de mayo de 2008

Sentir los colores

Hoy sale publicado en La Opinión de Zamora un artículo mío, Sentir los colores. Aunque no lo parezca, es un tema más social que deportivo.

MARIO CRESPO Corría el año 1989 cuando el sueño de un niño zamorano de diez años se veía cumplido. Tras mucho insistir, su padre le concedió el regalo de llevarlo un día a uno de los templos mundiales del fúbol, el Santiago Bernabeu. El Real Madrid jugaba contra el Valencia. El partido finalizó 6-2. Ese niño aún no sabe cómo agradecerle a su padre la posibilidad de tener ese recuerdo en la mente. Pero fue incluso antes de ese 1989, tal vez alrededor de 1986, cuando el mismo padre llevó a su hijo al estadio Ramiro Ledesma. Siempre pensé que aquella visita al Bernabeu fue algo incomparable. Y de hecho lo fue. Pero con los años me he ido dando cuenta de que tal vez no fue la más trascendente de las dos. Zamora, por sus condiciones climáticas extremas, por la dureza de la estepa castellana, por su condena al ostracismo, por su melancolía filo-portuguesa y por otras razones de índole emocional, es un sitio que marca, que se lleva dentro.
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