domingo, 13 de abril de 2008

Hank Over (Resaca)/ Muelas y señales


Ante la incompetencia de algunas empleadas del Corte Inglés (sección libros y mapas) y la tardanza de la Casa del Libro en el desembalaje, encontré un ejemplar de Hank Over/Resaca en la FNAC, ¡como no! Me dirigí a pagar a la planta de abajo y había una cola del carajo. ¡Como no! Como siempre que tengo que realizar la ingrata labor de esperar una puta cola borreguil, me puse a leer. Hank Over, en este caso. Primeramente, y ayudado por su condición de libro de pasta blanda, le di una ojeada general. Luego, por cercanía, simpatía, colegueo, afinidad o yo que coño sé, busqué el relato de mi paisano, José Ángel Barrueco. Y comencé a leerlo. Allí. De pie. En la puta cola de sábado tarde en la FNAC. Y me gustó. Me gustó el fragmento que leí. Me enganchó de tal manera que cuando llegué a su barrio, Lavapiés, donde había quedado con unos amigos, me dieron ganas de ponerme a leer para acabarme el relato. Pero las cervezas ya estaban pedidas y los cigarros liados. “Lo dejaremos para mañana”, pensé yo. Esta mañana he acabado de leerlo. Mientras buscaba el relato de José Ángel, vi un poema de Lluis Pons Mora. Lo leí. Me gustó. Pero volví al relato de Barrueco, al de la muela.

Muelas y señales [José Ángel Barrueco/Resaca (Hank Over)]

Barrueco nos narra de manera magistral, precisa, y con una prosa suelta y agradable, un episodio duro y triste en la vida de uno de esos escritores que se dedican a esto de escribir por pura vocación, aún a sabiendas de que se mueren de hambre. La descripción del personaje es muy significativa y he de confesar que me ha gustado que el escritor no haya usado clichés de atrezzo ni lugar, ambientando la acción en la provincia de Zamora. ¡Con dos cojones! Además de sentir cierto punto autobiográfico en esa introducción, comulgo a ojos cerrados con las reflexiones que hace el autor sobre el mundo de la literatura.
La acción trascurre durante el intento de resolución de un problema. Un terrible dolor de muelas devuelve al bohemio escritor a la realidad del mundo del consumo. Para casi cualquier maldita acción de tu vida necesitas dinero. Si quieres que te deje de doler la boca, empieza a soltar la pasta. Pero, claro, siendo un escritor maldito no tienes ni un triste centavo en el banco. La tortura del dolor de muelas está bien reflejada como acción y como símbolo del martilleo doloroso y constante de la pura existencia. Me ha recordado un poco a lo que Martin Amis llamaba “upper west side” de su boca, en la novela de Dinero. Me encanta el final del relato, cuando se mira al espejo y ve lo que es y a lo que aspira con tal aspecto y tal forma de vida. A pesar de todo, sus dedos seguirán haciendo lo que saben. Escribir.
Buen homenaje a Chinaski. Enhorabuena a José Ángel y a todos los autores de esta antología. Está tarde continuaré leyendo algún relato y algún que otro poema.
Y ya sabéis, lectores: por 11.88 € podéis adquirir un ejemplar. Merece la pena.

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