viernes, 18 de abril de 2008

El sentido…

… del olfato (o de la vida)

Es curioso observar a un niño. Verlo crecer. Ver como se va fijando en todo. Notar su capacidad para aprender. Para agudizar los sentidos. Para sorprenderse. Es agradable sentir su olor. Tierno. Limpio. Puro. Vital.

Resulta difícil enseñar a un anciano a comprender como manejar un ordenador. Tienen verdaderas dificultades para aprender. Es como si su capacidad cognitiva se hubiera congelado. Como si tan sólo le quedaran libres unos pocos megas en su disco duro. Como si se le estuviera agotando la batería. Como si se estuviera secando.
Su olor es extraño. Difícil de definir. Me acuerdo que en el colegio algunas profesoras al borde de la jubilación desprendían un olor que los niños captábamos con una mezcla de sorpresa y desagrado. Ese olor estaba en las antípodas del perfume vital que aún entonces desprendíamos nosotros. Lo definíamos cruelmente como “olor a vieja”.

El desgaste del cuerpo humano, como el de cualquier ser vivo, es irreversible. La decadencia. El ocaso de un puñado de recuerdos. La necesidad de sentirte satisfecho. El cruel destino de prepararte para la única certeza de la vida: La muerte. El nihilismo o la esperanza. La ciencia o las creencias. Es tal vez el periodo de reflexión. El que te permite ganar tiempo para decidirte. La vida como espera de la muerte o la muerte como engrandecimiento de la vida. Hay que tenerlo claro antes de volver a desintegrarte. Hacerlo con una sonrisa en la boca. Saludando al personal. Ellos que tanto se preocupan porque no te van a volver a ver…

La única certeza aquí es la que el cuerpo nos va dictando. El dulce olor de un niño, su sonrisa, la vida que está descubriendo constantemente, es motivo de alegría para cualquiera que pueda contemplarla. Es la esperanza. La vida. Su feedback, su retroalimentación intestina, su ciclo sobre el eje. Es lo necesario para que el mundo no huela añejo. Todo lo vivo se regenera precisamente por eso, porque está vivo. El sentido del olfato marca el tempo. La vida. Y así hasta el desagradable olor de la muerte. La descomposición.

No. No he sido padre. Pero nunca había convivido tan de cerca con un niño. Con Miguelín.

Para su títa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El descubrimiento de la vida frente al entendimiento de la misma.
El comienzo es ternura, te llena el alma y da sentido al sinsentido. El fin, se convierte en la nada.
Y, nosotros, en el momento intermedio entre el principio y el fin formamos el centro del proceso vital...pero ¿cuál sería nuestro olor?...

La filosofía de los sentidos...el sentido de la vida

Un beso

NEREA