martes, 1 de abril de 2008

Delirio febril

Cierras los ojos y ves destellos de colores. Son curiosos. Me gusta especialmente ese que mezcla las tonalidades verdes con las moradas. Veo a los jémeres rojos. Lo estaban poniendo en la tele. Me pone enfermo. Que mal rollo. De verdad, que mal rollo. Maldito Pol Pot de mierda. Que mal rollo. Después, en mi delirio, abro los ojos. La tele sigue encendida. Enseguida reconozco la película. Se trata de 21 gr. De González Iñárritu. Que mal rollo. El guión me parece enrevesado, en ocasiones gratuito, provocador. La peli recuerda a uno de esos culebrones que ponen en Antena 3 a las tres y media. Las traducciones de los títulos son grotescas. Sangre Fraudulenta, por ejemplo. El montaje es horrible, Alejandro, horrible.

La fiebre sigue subiendo. La puedo oler. ¿A que huele la fiebre? Huele como el vapor, a calor, a proceso químico. La tengo a Ella. No, a la fiebre no. A Ella. Noto que me quita el termómetro. No recuerdo que me lo hubiera puesto. Treinta-y-nueve, oigo decir. Son muchas horas con treinta-y-nueve. ¡A mi me lo vas a decir! No quiero ir a urgencias. Prefiero seguir oliendo la fiebre. Cierro los ojos.

Son las siete de la mañana. Sigue oliendo a fiebre. Ella insiste. Odio la espera en urgencias. Pero alguien dice que la infección puede ser grave. Me dejo convencer. A las ocho sigo esperando. Con un acceso (al paraíso). Ya no huelo a fiebre. Tengo frío. No hay camas, ni pijamas, ni bandejas. Todo está colapsado. Gente por los pasillos. Si las paredes estuvieran desconchadas pensaría que estoy en un hospital de Camboya. Me tratan mal. Llega a la sala de espera/pasillo una señora maltratada. Por su hija. Tiembla. No hay mantas. Ni asistentes sociales. No hay nada ¡Joder! Con lo bien que estaba yo en casa. Oliendo la fiebre, viendo la tele, bebiendo suero. Por cierto. Se me ha gastado el gotero. ¿Me pone otro por favor? Ahora, me dice. Después de cinco “ahoras”, el tubito está lleno de sangre. Que más da. Es que hay cambio de turno. Con lo bien que estaba yo sudando, viendo la tele. Ahora las pesadillas son de verdad. No necesito cerrar los ojos. Tengo frío. ¿Cómo te encuentras?, me pregunta la doctora. Le transmito mis quejas. Aparte de cabreado, ¿Cómo te encuentras? Bien, bien. De puta madre. Sólo quiero salir de aquí y volver a tener fiebre. Me mandan para casa. Me han ingresado y no me lo han dicho. No había pijamas, ni camas.

Se me ha pasado la fiebre al salir del hospital. La mala hostia me regeneró. Y aquí estoy, escribiendo este piece of paper febril. ¿A qué coño huele la fiebre?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que tal estas?sigues viendo destellos de colores?

Un beso

Vero

Mario dijo...

Pues he estado cuatro días con fiebre. Me incorporo hoy, aunque tarde. Ahora voy para allá.
Gracias.