miércoles, 27 de febrero de 2008

El actor total



No es que le preste mucha atención a los Oscar, pero, al igual que me ha sucedido con los Goya, yo hubiera votado las mismas candidaturas que en esta ocasión han sido premiadas. De No es país para viejos (que bien suena en inglés) ya he hablado ayer, de los Coen también, de Marion Cotillard y Soirse Ronan no voy a hablar porque prácticamente no las conozco y de Bardem hablaré otro día (cuando pase el huracán de noticias sobre él). Así que vamos hablar del que más me gusta de todos, Daniel Day-Lewis.

Tan sólo ha hecho una docena de películas como principal pero en las que yo le he visto lo borda. El lleva hasta el último extremo el concepto INTERPRETACIÓN. No soy de los que piensa que en el cine sólo caben actores profesionales, ni tampoco sigo las tesis de Bergson. Me parece que todos las teorías interpretativas son razonables en función de su intención. Es decir, ¿quien mejor que un Juanjo Ballesta recién sacado de las calles de Parla, para hacer de “Bola”? No tiene que actuar, sólo ser él. Es casi imposible que un niño actor consiga con su interpretación superar el realismo de El bola. Pero claro, hay que tener en cuenta que la peli de Achero Mañas es un film realista. Tal vez si Scorsese fuera el director de El bola, sería más adecuado un actor algo histriónico que se correspondiera con la pomposidad del director americano. Ballesta sería un personaje inerte en el scope de Scorsese. Teniendo todo esto cuenta tal vez sea más fácil comprender a que me refiero cuando hablo del concepto INTERPRETACIÓN. Daniel Day-Lewis es un tio que no interpreta sino que directamente, y durante el tiempo que dura el rodaje, se transforma en el personaje. Puede ser una cuestión de concentración. Es posible que otros actores puedan estar distraídos y riendo antes de la toma, pero Daniel no. A mí me encanta porque a diferencia de otros actores altamente fotogénicos, como Sean Penn, George Clooney o Tommy Lee Jones, por ejemplo, Daniel no sólo cambia el gesto y el registro, sino también la cara. No son personajes, el consigue meterse en la piel de personas diferentes y vale igual para el realismo de En el nombre del padre que para la espectacularidad de Gangs of New York. Tiene fama de lunático por la forma de preparar sus papeles. No me extraña. Me lo imagino obligando a los miembros del equipo de Mi pie izquierdo a darle de comer en una cuchara y a llevarlo a todas partes en silla de ruedas. No quería parecer parapléjico. Era parapléjico. Se pasó un mes entero cargando y disparando el rifle, durante el rodaje de El último mohicano. Le rompieron la nariz en The boxer. Estuvo dos días en una celda sin comida ni bebida para el rodaje de En el nombre del padre. Así es Daniel Day-Lewis, el actor total.

No he visto aún Pozos de ambición (There will be blood en V.O. Sigo sin entender esto de las traducciones), pero la combinación de Daniel Day-Lewis con Paul Thomas Anderson, desde luego que es de lo más atractivo de la cartelera.


No sé si es el mejor o no (cosa difícil de evaluar en esto de las artes), pero a mí el papel que más me gusta es el del carnicero de Gangs of New. Esos andares, esos giros de cabeza, esos gestos, ese manejo del cuchillo, ese gesto de la boca… ¡Que actor!

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