miércoles, 23 de enero de 2008

¿Suerte?

Echas los dados. No ha habido suerte. La suerte se busca, no se encuentra. Ella te elige a tí. Es caprichosa, injusta. La suerte puede ser mala o puede ser buena. Depende de tí. De los dados, de cómo los tires.

Ha salido un uno y un cinco. Dos impares que forman un par: el ocho. El ocho, aparte de una novela histórica de éxito, es un número mágico. Es el tránsito del principio al fin. Lo cíclico, lo eterno, lo que tiende a infinito.

El ocho, como la vida, es cíclico. Es una repetición, una consecución de hechos que se repiten. Y tú, al lanzar los dados, repites jugada. La tuya, la de alguien… Que más da. El caso es que no hay elección. No hay remedio. Si te toca, te tocó. Así es la vida. No se puede hacer nada contra la suerte. Sólo el que es capaz de asumirla, es capaz de entenderla y a la vez controlarla.

¡Que haya suerte!

2 comentarios:

Esther dijo...

Puede, aunque yo a la suerte no le pongo ni mucha credibilidad ni mucha esperanza. Ayer, en el examen, me dijo el chaval que se sentaba tras de mí "suerte". Fue un gasto de energía innecesario, pues la suerte no pintaba nada allí. Se lo agradecí. La esperé. Pero aquella señora no vino a verme. Vino Trostky, el muy mamón.

Mario dijo...

Trostky...¡Uh que agresividad!
Lo de ¡suerte! es un formalismo más...En el mundo del teatro dicen ¡mierda! por superstición.