martes, 22 de enero de 2008

Plano-secuencia

El plano secuencia se inicia cuando, cargado con THC, me dispongo a entrar en el Metro en la estación de Príncipe Pío.
Dos negros enormes se sientan enfrente de mí, parecen sacados de Pulp Fiction. Sentado entre ellos, un hombrecillo español con gorra y bufanda se pierde entre las dos enormes espaldas. Parece sacado de una película de Paco Martínez Soria. El hombrecillo es simpático e inicia una conversación con el negro más grande, el que se parece a Samuel L. Jackson. Pero se da cuenta que sólo habla inglés. Aún así persiste con sus limitaciones idiomáticas. Comienza una charla surrealista donde ninguno de los dos se entiende. Pero se hacen amigos. El hombrecillo le enseña su mp3: “Joaquín Sabina, a Spanish poetician”, le dice al negro. “I like Reggae, man”, contesta Samuel.

El THC viaja conmigo, sí, no sé… cada vez que viajo con él me ocurren cosas de película. Me meto en las películas. Este plano secuencia está bien, es muy americano, muy de género, cine negro moderno con conversaciones surrealistas… Tarantino, tal vez.

Continúa el plano.

Sigo oyendo la voz en off de Samuel, que ya ha pasado a un plano más profundo. Me apetece intervenir. La conversación es existencial ¡Increíble! Dos tipos de película hablando sobre la existencia de Dios en un Metro. Todos los pasajeros miran, observan y escuchan. El hombrecillo ya no entiende una palabra de inglés, pero no ceja en su empeño de demostrar la existencia de Dios. Intervengo para traducirle la frase “do you belive in god?” Pero entonces… me meten a mí en medio, como si fuera un interlocutor más. Y encima el hermano ha despertado y tiene ganas de debate. Me preguntan a mí por mis creencias: “oh, oh, esto no me gusta”, pienso yo. “¿Por qué no crees en Dios? ¿En que crees?”, me dice el hermano negro. Observo que lleva una cruz latina colgada del cuello. No hombre, no, no estoy yo fresco para debatir sobre la energía, la materia, la no materia, Parménides, los pitagóricos, etcétera. El THC pesa, resta lucidez. Pero lo miro otra vez a los ojos, me recuerda a Samuel L. Jackson antes de matar a esos chicos en Pulp Fiction, cuando les da el discurso de “Y mi nombre es Javhe…” Pero de repente me percato de que se ha cortado el plano secuencia. Ahora es un primer plano que me mira. El negro ocupa todo el campo, no hay salida. Me toca debatir con él la existencia de Dios. Su hermano negro me apoya, cree en la energía. Allá voy, te explicaré por qué... Y entonces… “Próxima estación Puerta del Sur. Final de trayecto”

El plano funde a negro (nunca mejor dicho)

Se acabó la peli. Se acabó el THC. Hasta la próxima que vuelva a viajar en Metro... o a fumar...

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