viernes, 21 de diciembre de 2007

Nuestro punto de vista

Entramos en la relojería y nos dispusimos a seguir nuestra táctica habitual. Claudio y yo, aprovechando nuestra buena presencia, hablaríamos con la dependienta, la distraeríamos. Se trataba de un Lotus Titanium, dicen que cuesta cuarenta mil pesetas. Seguro que lo podemos vender por veinte.

La señora era agradable, maja, simpática, cada segundo que pasaba me entraban más remordimientos por lo que íbamos a hacer. Seguro que era una currante, que no llegaba a fin de mes. Tal vez le hicieran pagar a ella el valor del reloj. Tal vez no.

Y entonces entró él, el elegido, el que había nacido tocado por la varita de los ángeles negros, el que delinque por naturaleza. No era un gran ladrón, tal vez era uno de los peores de la ciudad, pero tenía la magia, el duende, las hormonas de la suerte.

Jesús nos jodió el plan una vez más. Con su nerviosismo habitual rompió todos los esquemas. Y los rompió tras abrir sigilosamente la vitrina y hacerse con el preciado tesoro. Un ataque de nervios. A los mejores también les pasa. Pero él no es el mejor, sólo tiene suerte.
Pensó que le habían visto y en vez de guardárselo se dirigió a la dependienta con su tono chabacano. Le preguntó el precio. Al girarlo tenía una etiqueta colgando, allí estaba el precio ¡Maldito imbécil! Le dijo que lo devolviera a la vitrina. Y así lo hizo.
Bueno, al fin y al cabo, a la señora no le harán pagar el reloj. Ya no hay robo posible.

Jesús salió primero, nos esperó fuera. Después salimos Claudio y yo, le abroncamos, le llamamos imbécil. Y entonces hizo su gesto habitual, su mueca. Después sacó el reloj ¡como brillaba! Lo había conseguido una vez más.

Nos fuimos al cine. Era una americanada, lo único que veíamos. Allí todo es distinto. Allí ganan los buenos, los héroes de leyenda, los del punto de vista correcto. Poco más puedo decir de la película, unas cuantas explosiones, persecuciones por doquier, polis y cacos, pero como digo, allí ganan los buenos, los americanos, los polis.

Poco tiempo después me enteré que a la señora la echaron del trabajo.
No somos los malos, ni siquiera somos malos. Son las reglas del juego... pura supervivencia. En realidad sólo gana el que realmente lo necesita. Pero son batallas... la guerra la perdimos hace tiempo, la perdimos cuando nacimos. Nacimos en la calle.

Mañana iremos a por un teléfono móvil.