jueves, 6 de diciembre de 2007

Con palomitas sabe mejor

Este artículo iba a mandarlo a La Opinión de Zamora, pero finalmente lo he desestimado y sustituido por otro que saldrá publicado en breves fechas.
Así que lo pongo aquí para que lo podáis leer:


CON PALOMITAS SABE MEJOR

Salgo de trabajar y cojo el tren para dirigirme a mi domicilio en la localidad madrileña de Alcorcón. Tras un trayecto de veinte minutos me apeo y me dirijo a las salida. Deben ser las tres y media de la tarde y tengo mucho hambre. El día ha sido duro. Tan sólo pido llegar a casa y comer. Una vez en los exteriores y cuando estoy a sólo tres minutos de mi casa, me encuentro con un jaleo. Ha pasado algo feo. Pero no sé el que.

Lo primero que veo es a dos agentes de la Policía Nacional que discuten airadamente con una pareja de chicos jóvenes cuyo coche está atravesado en la acera. Al otro lado una pareja de policias locales junto a otra persona de mediana edad que no para de hacer aspavientos. Es entonces cuando me doy cuenta de que el espéctaculo es gratis, que no es en Pay per View, que no es no es necesario pagar seis euros para ver este filme constumbrista de género gore. ¡Comienza el espetáculo!

A pesar del cansancio, mi cabeza se ve obligada a pensar con rapidez. La duda está al 50%. Es decir, como no tengo que cumplir la tantas veces peligrosa misión del auxilio ciudadano, sólo me queda decidir si convertirme en espectador o seguir con mi habitual hoja de ruta e irme a comer a casa. Miro a mi alrededor. La calle está poblada, Hay varios tipos de espectadores. Los hay que están en primera fila, que quieren meter baza, que quieren ser parte del comentario del día. Otros son más recatados y han decidido retroceder unos metros. Desde ahí se ve bien. Es una entrada de tribuna. Luego están los ocasionales, los de “pasaba por aquí”, los que han cogido entradas de preferencia. No tienen tan buena visión como los de tribuna, pero se manchan menos.
Y entonces, tras la observación de la grada, mi mente toma una decisión. Me voy a casa.

Como la calle está vallada por obras, no me queda más remedio que pasar por el medio, por donde nadie se atreve. Allí está la victima. Demasiado cerca. Sangra abundantemente por la cabeza por la cara. Lo miro con indiferencia. Poco o nada puedo hacer por él. El policia le dice que se siente y espere a la ambulacia. Pero el hombre, en una mezcla de shock y furia, no para de gritar. La escena es degradable. Hay sangre, mucha sangre. Deberían taparle la herida, pienso yo. Pero ya se oye la ambulacia. Está a punto de llegar.

Por fin salgo de la escena. Aún se oyen los gritos. Aún veo la sangre ¡cuánta sangre! Voy pensando en por qué no me he quedado a ver el final. Pero mi instinto me dice que continúe. Poco puedo hacer...

Si hubiera llegado cinco minutos antes es posible que hubiera tenido que intervenir. En realidad no se lo que ha ocurrido, pero parece una reyerta. Tal vez alguno de esos navajazos o golpes hubieran sido para mí. Y ¿qué hubiera hecho yo?. Supongo que lo mismo que acabo de hacer. Seguir al instinto.

Amparado en la experiencia de haber vivido situaciones simlilares, creo que algo hubiera hecho. Algo que en ningún caso dejara de lado mi instinto de supervivencia. Eso es lo básico. Que no paguen siempre los inocentes. Pero ¿qué hubieran hecho todos esos espectadores del evento? ¿Hubieran intervenido si les tocase hacerlo? ¿Hubieran llamado a la policía con celeridad?.¿Hubieran hecho como el argentino del Metro de Barcelona ante la agresión racista? (Aunque a favor del argentino hay que decir que al menos fue coherente consigo mismo y tuvo la dignidad de no mirar la escena)
Quien sabe por qué mi instinto me aconsejo que allí no pintaba nada. Quien sabe que habrá pasado. Quien sabe el por qué no he empleado la tarde en hacer unas pesquisas que me dieran la solución. Pero ¿para que iba a quedarme? Posiblemente la segunda edición del telediario de Tele 5 incluya está noticia en su amplia crónica de sucesos. Seguro que las teles y las radios están al caer. Ya habrá alguien que lo grabe con el móvil y lo ponga en Youtube. Ya nos desinformarán sobre lo sucedido. Y si los medios no llegan a tiempo, no se preocupne ustedes... Ya habrá otro incidente que contar...

Cuando llegué a casa me dieron a ganas de bajar otra vez. Aún se oían sirenas. Pero mi intención no era dilucidar el motivo del incidente. Quería bajar a la tienda de los chinos y comprar muchas bolsas de palomitas. Palomitas para todos. Podrían sentarse en las barandillas y contemplar lo que todos los días nos muestra la pequeña pantalla. Sangre y violencia. La misma que ha existido siempre a lo largo de la historia. La que es inherente al ser humano. La que antes no salía en Tele 5, ni en Youtube.

En cambio yo, con tanto hambre que tenía, finalmente no comí. La escena me produjo un tanto de repulsión. Se me revolvió el estómago. Con pantalla por delante se pueden comer palomitas. Pero en mi caso, sin la pantalla por delante, he mirado la escena con indiferencia, como si estuviera acostumbrado a verlo todos los días. Por algo será.

2 comentarios:

Clifor dijo...

La tan perseguida sociedad del espectáculo. Ahora que lo hemos logrado debemos darnos por satisfechos.

Mario dijo...

Cuando esto llegue a su cénit vendrá una "ley seca" y los usuarios, ávidos de imágenes con morbo, las comprarán de extraperlo...xD