domingo, 26 de octubre de 2014

La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías, del Colectivo Juan de Madre




La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías es una de las propuestas narrativas más interesantes que he leído este año. Ha sido una pequeña editorial periférica establecida en Badajoz, Aristas Martínez, quien ha tenido la valentía de publicar este artefacto literario original, atrevido y muy lúdico, lo cual demuestra, quizá por enésima vez, que para encontrar literatura exenta de modas, etiquetas y exigencias de la economía de mercado, hace falta rebuscar en las estanterías de las librerías más indi del país. Algo que, por desgracia, dice mucho en contra de nuestra industria.

El primer acierto de la obra es el hecho de venir firmada por un colectivo, pues hace que el lector quede exento de prejuicios y además dota a la obra de la categoría de producto artesanal elaborado que denota un buen trabajo de equipo. Porque la novela se fundamenta en un concienzudo trabajo de investigación científica que plantea, gracias a la abundancia de material, temas filosóficos tales como la concepción del tiempo como ilusión, la inexistencia de la materia o la función de la cuarta dimensión, tres temas que, al menos a día de hoy, me interesan sobremanera, puesto que, de hecho, yo mismo publiqué hace no mucho una obra que trataba asuntos similares, aunque abordados desde una óptica bien distinta.

Ricardo Zacarías, un respetado físico y profesor universitario afincado en Barcelona, desaparecía de manera inexplicable el 15 de febrero de 1916. Cinco años después, en la habitación 202 del Hotel Chelsea, en pleno Manhattan, se producía un misterioso crimen que nadie pudo resolver y sobre el que se basaría el escritor francés Gaston Leroux para escribir una obra frustrada que retomaba las claves de uno de sus primeros libros: El misterio del cuarto amarillo. Pues bien, estas dos líneas argumentales le sirven al autor (o autores, si los hubiere) para construir una novela fractal que alterna la narración del diario de Ricardo Zacarías con artículos, citas, noticias o textos ensayísticos, y que conduce al lector, en un viaje alucinante, hacia las profundidades de una trama que ni siquiera existe.

Resulta ciertamente interesante el juego literario que se establece en la novela al incluir un elemento argumental como la máquina del tiempo, pues permite, no puedo revelar por qué, que el personaje principal sea, de alguna manera, nueve personajes distintos. Por otro lado, la exposición, investigación y (no) resolución del crimen de la habitación cerrada, la número 202 del legendario Hotel Chelsea, hace de la obra una suerte de novela negra con momentos de incertidumbre gótica que destilan el aroma de lo mejor de Poe, e incluso de obras tan bizarras como el Manuscrito encontrado en Zaragoza.

Pero basta ya de tanto halago; si nos ponemos un poco críticos y exigentes, se hubiera agradecido un poco más de aseo estilístico en algunas partes del libro, desliz que me ha llevado a creer (o a querer creer, pues no sé mucho de este Colectivo Juan de Madre que firma la obra) que la novela ha sido escrita realmente por varias manos y que unas escriben un poco mejor que otras. En cualquier caso, este desequilibrio, nimio, apenas afecta al conjunto de la obra; trabajada, lúcida, descarada y, sobre todo, muy amena; una obra que recomiendo y recomendaré cien veces antes que el noventa y cinco por ciento de las novelas españolas que ha publicado Mondadori este año.

La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías, de Colectivo Juan de Madre. Aristas Martínez, 2014. [Ilustraciones de Javier Jubera]

lunes, 13 de octubre de 2014

Algo que declarar, un poema de David González en 'El lenguaje de los puños (vols. 2, 3 y 4)'

   
       
Levante los brazos.


        Entonces registró mis bolsillos.



        Encontró cigarrillos, lápices,

        un librito, una china, un mechero,

        un Pen Drive de 512 MB

y tres monedas de dos euros.



Me miró fríamente a los ojos

y me preguntó si tenía algo más.

Algo más que quisiera declarar.

Le dije que creía que un pañuelo.



¿Tiene algo en los zapatos?



Mis pies. 



El lenguaje de los puños: antología crítica de la poesía de David González (volúmenes 2, 3 y 4). Origami 2014. 548 p.

jueves, 9 de octubre de 2014

Tiros Libres: relatos de baloncesto

Un día te llaman o te envían un mensaje que dice algo así como: “Estimado amigo: nos gustaría contar con tu pluma en la antología que estamos preparando sobre…”. Es más o menos de este modo como funciona. Luego miras el plazo, valoras  si eres capaz de escribir un texto digno en el tiempo indicado y emites una respuesta. Meses más tarde, la antología se publica en papel y en algún momento te llega un ejemplar, tu ejemplar, el que te has ganado con tu trabajo, al buzón y entonces recuerdas el día que te invitaron y la idea genial que tuviste para el relato y que, sin embargo, no fuiste capaz de ejecutar con la consistencia necesaria. Después abres el libro por el índice y buscas tu texto y, aunque ya habías repasado el pdf en la fase de pruebas, te arrepientes de haber puesto esa frase ahí, esa palabra allá, y te consuelas diciéndote algo parecido a: “es que ha pasado mucho tiempo desde que lo escribí” y terminas por sentirte mal, algo frustrado, quizá arrepentido; momento en el que continúas hojeando el libro hasta que te topas con algún texto brillante firmado por un compañero y te sientes orgulloso y agradecido de haber sido incluido en el grupo. Por todo ello, me encantan las antologías, y también porque quiebran por completo la rutina solitaria del escritor y te permiten formar parte de una especie de equipo del que terminas absorbiendo enseñanzas positivas.

Suelto todo este rollaco introductorio para adornar un poco el leit motiv de esta entrada, que no es más que el anuncio del lanzamiento de otra antología en la que participo, quizá una de las que más me ha entusiasmado, por distinta, y sin duda una de las de mayor nivel literario, pues es realmente alto, como no podía ser de otra manera en una antología de relatos de baloncesto. Pero prefiero que la presenten los jefes del equipo, los entrenadores, Patxi Irurzun, David Refoyo y Daniel Ruiz García:

Baloncesto y ficción no han conjugado con mucha frecuencia en la narrativa en castellano, a pesar del auge y del éxito de nuestros baloncestistas y de las posibilidades estéticas del deporte de la canasta. En esta antología de relatos, Tiros libres, coordinada por los escritores Daniel Ruiz García, David Refoyo y Patxi Irurzun, dieciocho autores se resarcen y presentan una colección de cuentos en los que el basket se convierte en la excusa perfecta para hablar del éxito y el fracaso, de emociones y recuerdos, de la vida misma y su azar, como un balón girando en el aro. Cada uno con su propio estilo, y unidos por su afición al basket, un dream team de escritores, a los que se suma una auténtica leyenda viva del baloncesto como Juan Antonio Corbalán, recuerdan momentos de su vida ligados a este deporte, escriben sobre la NBA y sobre basket de barrio, sobre la muerte de Fernando Martín o la de Andrés Montes, sobre Spud Webb y Gomelski, sobre el baloncesto yugoslavo y el lituano, sobre mascotas de equipos y viejas glorias olvidadas… Un auténtico equipazo que ha conseguido desprenderse de complejos y reivindicar el baloncesto como un elemento más de la cultura popular.

Autores:


Patxi Irurzun, David Refoyo, Daniel Ruiz García, Eloy Fernández Porta, Jacobo Rivero, Javier López Menacho, Mario Crespo, Sergi de Diego Mas, Josu Arteaga, Sergi Puertas, Javier Avilés, Ana Pérez Cañamares, David Benedicte, Javier García Rodríguez, Mercedes Díaz Villarías, Miguel Serrano Larraz, Francisco Gallardo y Juan Antonio Corbalán

jueves, 25 de septiembre de 2014

Sobre "Adiós a las armas" y la figura de Hemingway





La lectura de este libro me ha servido para confirmar algunas de las sospechas que me habían asaltado tras leer Fiesta y Al romper el alba. En otras palabras: Hemingway me parece un autor sobredimensionado. Un producto bien vendido como referente de la literatura americana. Un Nobel justo después de un Pulitzer. Intento encontrar el porqué de su magnitud literaria y concluyo que, indefectiblemente, su vida privada ha contribuido al desarrollo del mito. Bien es cierto que las obras mencionadas entretienen con sus pasajes de acción y sus brillantes descripciones, pero ni generan imágenes directas, ni poseen intensidad dramática, ni desarrollan personajes sólidos. Cabe recordar no obstante que Hemingway, al menos al final de su carrera, sabía escribir de maravilla, como demostrara en su última novela, El viejo y el mar, a la que no me importa tildar de obra maestra, pero, las cosas claras; tras leer Adiós a las armas, para algunos su mejor obra, no he podido menos de escribir unas líneas analizando algunos aspectos:

-Descripciones: como digo, en ocasiones son ciertamente brillantes, quizá lo mejor de su prosa, pero abruman por exceso. Hay párrafos llenos de descripciones que, aun situando bien la escena, no generan imágenes. En algunos casos, sin embargo, parecen redactadas por un colegial o por un alumno de un taller literario. Un ejemplo:

El día había sido caluroso. Remonté el río hasta la cabeza del puente de Plava. Aquél era el lugar señalado para empezar la ofensiva. El año pasado no se había podido avanzar sobre el otro lado, pues sólo existía un camino para bajar desde la garganta hasta el desembarcadero, y, en la extensión de casi una milla, estaba expuesto al fuego de las ametralladoras y la artillería.

-Diálogos: En la primera parte, donde abundan, especialmente entre el protagonista y su amante, se antojan muchos de ellos prescindibles. A veces nos topamos con los típicos diálogos que escribiría alguien que está empezando a escribir narrativa, es decir, transcribiendo una situación real, que no realista, y plasmándola en el papel. Resulta intrascendente reproducir los saludos entre guiones, algo así como:

-Buenas noches –dijo el capellán.
-Buenas noches –me contestó.

***

-Hasta la vista –le dije
-A rivederci, tenente.
-A rivederla.

-Personajes: el personaje de Catherine Barkley es totalmente plano. Tan solo reacciona ante el protagonista masculino; existe por y él y para él. Por otro lado, aparece como un ser divino y caprichoso que otorga a la relación un aire misógino que anula por completo la fuerza dramática del romance (una de las grandes líneas de la obra). El personaje protagonista, Henry, alter ego del autor, es también plano en tanto en cuanto su heroísmo endémico lo lleva a la frivolidad; existe a mi entender una excesiva preocupación por parte de Hemingway en retratarse a sí mismo como héroe valiente y competitivo, como producto americano que además es capaz de seducir a una bella enfermera inglesa, hacerle un hijo enseguida y luego arriesgar su vida por ella.

-Argumento: Adiós a las armas ha sido considerada una de las cumbres de la literatura bélica. Cierto es que la obra narra historias del frente desde el punto de vista de un conductor de ambulancia; hay explosiones, heridos, trincheras, zanjas, hay frente y retaguardia, hay retirada y tensión, hay, en resumen, una recreación realista del marco bélico que sitúa al espectador en un escenario creíble de guerra, pero existe al mismo tiempo una artificialidad en todo ello; una disfunción quizá provocada por la anteposición de la importancia del personaje principal y narrador a la propia guerra. La épica reside en él, en su valor, en su determinación, en su sagacidad, en su astucia, y el autor no consigue crear la sensación de pánico y olor a muerte que, por ejemplo, sí consigue Echenoz en su reciente, 14, o Vonnegut, con un estilo bien distinto, en Matadero Cinco. Son sólo dos ejemplos. En realidad, hay infinidad de novelas bélicas mejor armadas que esta.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Babel 3.0, un poema de Javier Vayá Albert en "El peso de lo invisible"



Fuera

El pantagruélico titán derrite

asfalto y corazones en exactas

proporciones

compuesto por ojos compuestos

mosca gigantesca succionando

mierda a jornada completa

y sus correspondientes horas extras

multiplicación infinita de espejos

acogiendo inmutables

el genocidio cotidiano de pájaros

culpables de ignorancia

en cuestiones de ambición humana

estallido monótono de alas

estruendo sordo de libertad aplastada

dentro

como si solo lo malsano viviese

bajo un cielo artificial

habitado a diario por la muerte

se trafica con cifras

que alguna vez disfrutaron de nombre

se decreta el hambre

y se esclavizan sueños

a veces, si se alza la vista

y un amasijo de sangre y plumas

impide ver un futuro prometedor

se subcontrata la conciencia.

El peso de lo invisible. Alacena Roja, 2014.